viernes, 18 de abril de 2014

Semana Santa: ¿cuánto sufrió Jesús en su Pasión y muerte?

Día 18/04/2014 - 02.24h

El rechazo derivado de su anuncio de que era el hijo de Dios desembocó en un proceso agónico de 12-14 horas en el mes de Nisán. Los evangelios no profundizan en el dolor físico de Jesús, que fue flagelado, vejado y clavado en una tortura sin límites

¿Cuánto sufrió Jesús en su Pasión y muerte? La pregunta, sobre todo para los creyentes, es muy dura. Los evangelios, San Marcos en particular, establecen una cronología para la tortura tras la cena pascual, la última que celebró con sus apóstoles: a la hora tercia (comenzaba a las nueve de la mañana) fue condenado, a la sexta (las doce) fue crucificado y a la nona (las tres de la tarde) expiró. La explicación procede de Vicente Balaguer, director y profesor del departamento de Sagrada Escritura de la Universidad de Navarra, quien realiza para ABC.es el esfuerzo de sumergirse en el relato de los cuatro evangelistas que de una u otra manera contaron cómo fueron aquellos días trágicos para el mundo, que se han dado en llamar Semana Santa en el nuestro. «Todo sucedió en unas 12-14 horas, desde la agonía en el Huerto de los Olivos, las doce, una o dos de la madrugada del Jueves (el canto del gallo es hacia las tres de la madrugada) y que es el comienzo físico de la Pasión, hasta las tres de la tarde del día siguiente, el Viernes», establece otro estudioso de estos relatos desde su óptica profesional, el catedrático de Fisiología, Santiago Santidrián Alegre, también de la Universidad de Navarra. Era el mes de Nisán, que coincide con los meses de marzo o abril de nuestro calendario.
De la mano de fisiólogos, médicos e historiadores que han abordado intrínsecamente esas horas de sumo martirio y desprendimiento del ser humano repasamos esas vejaciones, golpes y el largo proceso agónico que tuvo que padecer el redentor. Élo mismo se había encargado de anunciarlo y estaba seguro de su muerte para la posterior resurrección y salvación del mundo. «Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu», recogen los evangelios, pero hasta ese momento tuvo que sufrir la flagelación, la humillación de ser escupido por los soldados romanos, el trato como un esclavo cargando la cruz, el dolor de la corona de espinas y la agonía máxima de la crucifixión. Películas y libros como la «Pasión de Cristo» han tratado de recrear la dureza sin parangón de estas horas para un ser humano, mas no parece haber un sufrimiento tan extremo y soportable por un organismo como el que se va a contar, y para lo que rogamos no continúe leyendo la persona muy sensible o para la que resulten tormentosas estas explicaciones de lo que Jesús padeció por los hombres.
Han pasado más de dos mil años, y en este tiempo es abultada la documentación científica e histórica que trata de acercarse a los aspectos médicos de la muerte de Jesucristo, que existen ya desde el siglo I. «Con base a los conocimientos de la Fisiopatología del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir que Jesús sufrió el más cruel de los castigos, el más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir alguien», escribe desde Barranquilla el médico interno y de cuidados intensivos Rubén Darío Camargo. Históricamente este acontecimiento se inicia durante la celebración de la Pascua Judía. Los escritores sagrados ya plasman lo acaecido en el Huerto de los Olivos o Getsemaní. Aquí, fue tal el grado de sufrimiento moral, que presentó como manifestación somática el sudor de sangre, o hematidrosis, «sudor de sangre que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra» (Lucas, 22,43). Jesús, aún sabiendo lo que le esperaba, manifestó una angustia intensa tal que sudó sangre. A partir de este momento se añadió también el ayuno durante el juicio y todo el suplicio hasta su muerte. Comparte el catedrático de Fisiología Santidrián: «San Lucas, médico, escribe en su evangelio que Jesús sudó sangre y que ésta empapó la tierra del suelo del Huerto. Lo cierto es que describe una hematidrosis, situación extremadamente rara que se ha descrito en personas en las horas previas a una ejecución cierta, irrevocable y extremadamente cruel».
Semana Santa: ¿cuánto sufrió Jesús en su Pasión y muerte?
ABC
RIP en la cruz
También escribe sobre este calvario físico en la revista «Der Spiegel Historia» el patólogo alemán Frederik Zugibe, quien afirma desde el punto de vista científico: «Fue un conjunto de diferentes causas lo que llevó a Jesús a la muerte. Evidentemente Jesús sentía con tranquilidad cómo sucederían las horas venideras, por ello durante un momento con sus discípulos sudó sangre, algo que los médicos conocen como un claro síntoma de estar bajo un grandísimo estrés o angustia de muerte. Ser apaleado y vejado por los fanáticos, como le ocurrió en casa del sacerdote Caifás, al inicio del jueves, habría inquietado fuertemente a la persona más valiente. Pero mucho más dramática fue la tortura que siguió y que se llevó a cabo con el flagran», una fusta con varias correas de cuero y a cuyos extremos los romanos colocaban trozos de huesos de oveja o bolas de plomo. Y Zugibe equipara: «Es como si a uno le dieran un golpe en las costillas con extrema violencia con un bate de beisbol, provocando un intenso dolor durante semanas».
Los expertos consultados hablan de los 39 latigazos (porque 40 es la cantidad máxima que tolera la ley judía) que recibiría con probabilidad el Salvador. El doctor Zugibe plasma que el tórax y los pulmones sufrieron en este punto grandes daños. La flagelación es la romana, llamada «verberatio», y que se aplicaba solamente a esclavos y soldados rebeldes. Se practicaba con el flagrum (flagelo o azote) y era por sí sola tan brutal que a veces por sí sola ya provocaba el deceso.

La coronación del dolor moral

El barbarismo no había hecho más que comenzar. Los soldados romanos, que iban escupiéndole para hacer más grande su humillación, le pusieron una corona de espinas (que causan múltiples heridas pequeñas punzantes) y le golpearon la cabeza con una caña. Las palabras de los calumniadores debieron suponer para él la segunda coronación, escriben algunos historiadores del hecho. Para el patólogo germano, «esa coronación sádica se podría comparar a aplicar sobre la carne un atizador de hierro candente». Costumbre romana también para los que habían perdido todos sus derechos ciudadanos era obligarle a cargar la cruz, durante un recorrido de algo más de medio kilómetro, hasta lo alto del monte Gólgota (que en hebreo significaría algo así como «lugar de la calavera» y cuya traducción latina es calvario). La cruz pesaba más de 300 libras o 136 kilos; Jesús cargó con entre 75 y 125 libras del patíbulo en su nuca y se balanceaba sobre sus hombros. Antes se le dio una bebida narcótica que Jesús no quiso probar.
Al ser colgado en la cruz, con clavos de doce centímetros de largo en los talones y muñecas que le sujetaban al patíbulo, «Jesús sufrió los dolores más terribles que conoce la humanidad –remacha Zugibe-, ya que con el más mínimo movimiento en la cruz, el dolor se extendía por todo el cuerpo como un golpe de corriente» y fuertes contracciones. Pese a todo, en la intensidad de la narración de los cuatro evangelios y en los discursos de los apóstoles se percibe la grandeza de Jesús. Así la pone de relieve por ejemplo San Mateo ante la perfidia de sus acusadores, recuerda con sus escritos el profesor Balaguer. Y San Juan como si tuviese plena consciencia y control de su situación. «Los autores sagrados no están interesados tanto en el sufrimiento de Jesús como en su sentido. Por eso, no se encuentran en los textos “valoraciones” del sufrimiento o del dolor. La descripción es muy “sobria”, el material es narrativo, más que descriptivo», avala Vicente Balaguer. Con todo, «el evangelio ofrece suficientes datos para que el lector conozca el sufrimiento de Jesús: habla de la oración, del llevar a Jesús arrestado, de la noche sin dormir, del escarnio, la flagelación, la corona de espinas y así hasta la muerte». Santidrián recoge: «El evangelio no ofrece ningún dato de alteraciones neurológicas ni psíquicas de Jesús; más bien, todo lo contrario: la capacidad de sufrir, perdonar y aceptar la pasión revelan una integridad espiritual, psíquica y neurológica» sin igual. Y eso que «es difícil imaginar más sufrimientro físico y moral», colige.

Respiración complicadísima en la cruz

Desde la óptica médico-fisiológica en exclusiva, los doctores Darío, Zugibe y Santidrián describen que murió deshidratado, que estuvo durante tiempo al borde del shock hipovolémico o colapso, con el cuerpo magullado, cortado y sangrante, con un dolor intenso, ardiente y horrible por el desgarro de los clavos en pies y manos, sintiendo, llegan a decir, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. En la cruz, la posición de estar clavado hace muy difícil la respiración. Cada movimiento, como un espasmo natural hacia arriba para poder tomar aire, se convertiría en un dolor inescrutable. 

Los doctores dan su opinión médica acerca de que el efecto principal de la crucifixión era la interferencia con la respiración normal, sobre todo en la espiración muy comprometida, que sería primero diafragmática y muy leve. Se produciría pronto retención de CO2 o hipercapnia. En suma, cada esfuerzo de respiración se volvería fatigoso y eventualmente llevaría a la asfixia, luego al fallecimiento. Tendría además una sed irreparable, fiebre y el dolor derivado por la inflamaciónalrededor de cada herida abierta por los azotes y los clavos. Con falta de oxígeno, sin respirar bien, el clavado empujaba hacia arriba con los pies para permitir que los pulmones se expandieran, por lo que se escogía entre respirar (hipoxia pulmonar) o dejar caer el cuerpo agotado por el cansancio. Hay muchas teorías distintas sobre la verdadera razón de la muerte física de Jesús. «Incluso la brisa le dolería», ilustran algunos médicos. De todas las muertes, la de la cruz era la más inhumana, suplicio infamante que en el imperio romano se reservaba a los esclavos («servile supplicium», se llamaba).

La barbarie suprema

Y más aún: era costumbre de los romanos que los cuerpos de los crucificados permaneciesen horas en la cruz e incluso una operación bárbara llamada «crurifragium», que era rematar a los ajusticiados,quebrándoles las piernas. Cuando llegaron a Jesús, renunciaron al golpe en las extremidades pero no al de gracia, atravesándole el pecho con una lanza. Salió sangre y agua del costado, por lo que los médicos han determinado aplicando el rigor científico que el pericardio que envuelve el corazón fue traspasado y perforado. El profesor Balaguer recupera a San Pedro: «Israelitas… le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos. Pero Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte, porque no era posible que éste lo retuviera bajo su dominio» (2, 22-24). A partir de su muerte y resurrección, los apóstoles entendieron que en Jesús se habían cumplido aquellos oráculos sobre el Siervo del Señor. San Mateo lo dice expresamente y cita a Isaías 42, 1-4 al recordar cómo actuaba Jesús curando a todos y ocultando su gloria. En el mismo sentido, al narrar la pasión del Señor los evangelistas parece que tienen delante los poemas del Siervo sufriente para mostrar el valor expiatorio de la muerte de Cristo (Mt 26,63; 27, 13-14; e Is 53,7; Mt 27,38 e Is 53,12). En el salmo 22, se relata cómo Jesús entiende su misión y acaba fijando una nota de esperanza: la salvación de todas las naciones. «El grito de Jesús no es pues de desesperación», rescata el director del departamento de Sagrada Escritura de la Universidad de Navarra.
«El siervo doliente calló. Hablaba para enseñar, pero guardó silencio ante el tribunal». Los designios de Dios se cumplen tanto en la Pasión como en la muerte de Jesús, pero también en su resurrección.

Muerte que anunció en vida

Dos mil años después sigue sorprendiendo y enardeciendo al mundo cómo fue condenado por el rechazo mesiánico, por su confesión de que era el hijo de Dios. Isaías escribe: «Resucitará fecundo como la muerte del grano de trigo echado en el surco». Jesús «tomó su cruz» y quiso asumir la condición de cada hombre, a fin de liberarlo del poder de la muerte debido al pecado. Cargó con todos los pecados y culpas con un gesto de amor infinito, su muerte no fue casual, él mismo la había anunciado a sus discípulos para prevenirlos de lo que pudiese originar un suplicio así para ellos y su fe. Por ello no se encontrará en ninguno de los relatos de los evangelistas la presentación de estas horas agónicas como la muerte de un prohombre o como elemento negativo para el porvenir. Burlas, azotes, escupitajos, bofetadas, degradaciones… «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, baja de la cruz», le gritaban los fariseos. «Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Ignoraban que estando en vida, anunció: “A los tres días, resucitaré”». Con su muerte sellaba una vida de amor.
Semana Santa: ¿cuánto sufrió Jesús en su Pasión y muerte?

jueves, 10 de abril de 2014

Calahorra se envuelve durante estos días en la pasión y recupera su pasado, el de una urbe bimilenaria que la erige como una de las más antiguas de España. Su legado está impreso en sus calles y revive en suSemana Santa. El arraigo de esta celebración tiene sus bases asentadas en el pasado romano y cristiano de la ciudad. Calahorra (Calagurris Iulia Nassica) es la segunda ciudad de La Rioja, pero durante la época del Imperio Romano fue una de las ciudades más importantes del Norte de la Península.
En Calahorra esa tradición romana se entremezcla con la gran devoción cristiana. La singularidad de su Semana Santa se refuerza con la masiva participación ciudadana, ya que son dos asociaciones locales (la Cofradía de la Santa Vera Cruz y la Asociación Cultural Grupo Paso Viviente) las encargadas de elaborar toda la programación, de un mes aproximadamente. Se trata de la que es posiblemente la más larga duración de actos preliminares y propios de la Semana Santa de toda España con la coordinación de más de 3.000 personas. Uno de los eventos más llamativos es el Mercaforum, la recreación de un gran mercado romano con el que Calahorra volverá a su pasado más glorioso mañana sábado día 12 y el domingo.

Desfiles de legionarios romanos

Desfiles de legionarios romanos, espectáculos teatrales, animaciones callejeras, exhibiciones de cetrería, un mercado de artesanos, recreación de campamentos militares romanos y talleres en vivo son los atractivos de un mercado en el que distintos elementos y escenarios, degran rigor histórico, se dan la mano para retroceder 2.000 años en el tiempo y trasladar a los visitantes a la antigua Calagurris. Desde su primera edición en 1995, la Asociación Cultural Grupo Paso Viviente es la responsable de su realización.
La tradición histórica se une a la pasión religiosa en Calahorra, donde desde el siglo XVI se viene repitiendo un ritual procesional que hace de su Semana Santa una de las de carácter religioso más antiguo y arraigado del Norte de España y que en los últimos años del siglo XX se vio complementada con una Escenificación de la Pasión que aporta los detalles más realistas e implican a más personas de cuantas representaciones de este tipo se conocen. Esta procesión tiene lugar en la noche del Jueves Santo durante un recorrido de más de un kilómetro en el que los visitantes acompañan a las distintas escenas a pie y se ven sumergidos a lo largo de más de dos horas en un espectáculo de luz y de sonido único en el país por su calidad y realismo.

Auténtico catecismo

Representativa y grandiosa es también la Magna Procesión del Santo Entierro, que tiene lugar elViernes Santopor la noche y está considerada como la mayor y más impresionante del Norte de España, además de ser un auténtico catecismo de la Pasión de Cristo. Salen en procesión dieciséis pasos y participan en ella más de dos mil personas. Es la procesión con mayor número de pasos de toda La Rioja, por encima de capitales limítrofes como Logroño, Pamplona, Vitoria, Bilbao, San Sebastián, Soria o León. Discurre por las calles más emblemáticas del Casco Antiguo de Calahorra, con salida y llegada al Templo de San Francisco, con varias tallas de los siglos XVI y XVII de gran valor artístico, entre las que destacan el Ecce Homo, de Gregorio Fernández (Escuela castellana, año 1610), el Santo Cristo de la Agonía (importante talla de Juan Bazcardo, año 1628), el Cristo de Medinaceli (Juan Fernández de Vallejo, año 1580), el Cristo Yacente (Anónimo, año 1630) y la talla más antigua que se procesiona: El Santo Cristo de la Vera Cruz (Guiot de Beaugrant, año 1560), titular de la Cofradía homónima. Pasión por Roma y devoción por Cristo aunadas en una ciudad que no deja indiferente.

miércoles, 9 de abril de 2014

LIBRO DE HORAS comunica a sus lectores que abrimos desde hoy mismo una campaña pro-beatificación de Isabel la Católica, pues estamos convencidos de que vivió heroicamente las virtudes cristianas y nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a su acción política por la unidad católica de España.

Y para comenzar con buen pie... Vayamos rezando y obteniendo gracias a través de su intercesión.

ORACIÓN (uso privado)

Por intercesión de la sierva de Dios Isabel la Católica. 

DIOS, Señor y Padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la elección de tu sierva Isabel como instrumento de tu gloria en la dignificación cristiana del hombre, en la exaltación de la fe y su extensión al NuevoMundo. Te damos las gracias por este don sobrenatural de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde las cimas del gobierno de los pueblos para la redención y la salvación de todos. Te rogamos te dignes perpetuar su intercesión en el Cielo para continuar su obra comenzada en la Tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y Mediador, que contigo y el espíritu Santo vive y reina y es Dios por todos los siglos. Amén.

Iremos articulando esta campaña a favor de la beatificación de Isabel la Católica, convencidos de que la causa merece nuestro esfuerzo y el de todos los leales. Emplearemos todos los recursos en dicha dirección, apelando a las más altas instancias eclesiásticas para lograr lo que otros impidieron.

RABÍ LUSTIGER... AHORA NO PODRÁS IMPEDIRLO





Aron Jean-Marie Lustiger falleció hace unos años, en agosto de 2007. De origen judío, se convirtió al catolicismo y llegó a ser arzobispo de París y cardenal de la Iglesia. Se le recuerda por su oposición sin paliativos a la beatificación de Isabel la Católica.

¿De quién recibía instrucciones? La fotografía que ofrecemos es suficientemente elocuente.

Que Dios lo juzgue; nosotros no queremos hacer un juicio. Una vez desaparecido este satanás (todo ello sea dicho en el sentido etimológico del vocablo: adversario), ha llegado la hora de que todos los católicos españoles, orgullosos y conscientes de nuestra Historia, reclamemos de la Iglesia Católica que Isabel la Católica, nuestra bienamada Reina, sea elevada a los altares.
Isabel la Católica tiene en España sus devotos. Ningún advenedizo, por muy fiscal del sanedrín que fuere, va a venir a decirnos a nosotros que Isabel no merece la canonización. Y queremos verla sobre la peana, para rezarle al pie de los altares.
En este sentido, pedimos a nuestros lectores que -estando de acuerdo en la propuesta- actúen en la medida de sus posibilidades para alcanzar este objetivo doblemente necesario para la recristianización de España. En los blogs, foros, y otros medios de comunicación de masas... HAGAMOS VALER ESTA PROPUESTA.
Gracias de antemano a cuantos sabemos que van a ponerse a pugnar por esta intención. Isabel la Católica intercederá por nosotros, para que Dios nos lo recompense.

Visitamos la tienda centenaria de El Ángel, en pleno centro de Madrid, donde estos días se disparan las ventas

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ABC Tv
En la trastienda de la Semana Santa
En la calle de Esparteros, en pleno centro de Madrid, El Ángel lleva más de cien años contemplando la celebración de la Semana Santa y otras fiestas religiosas en la capital.
Olga Jiménez forma parte de la familia que, generación tras generación, ha visto restaurar mantones arruinados por la lluvia, figuras estropeadas por el paso del tiempo y andas de cofradías de todas partes, gastadas de tanta fe.
¿El secreto para mantener un negocio basado en la artesanía y sortear a la crisis? Hacer las cosas bien. Ni los chinos hacen sombra a las figuras que salen de sus talleres. A través de su página web, venden en muchos países de Latinoamérica y la diferencia se nota, el arte religioso español mantiene su prestigio.
Cofradías como la de Medinaceli, la Macarena o El Gran Poderconfían en esta familia para lucir de la mejor manera en la Semana Santa: faroles, túnicas y capirotes salen de los talleres de El Ángel bordados a mano o a máquina, por modistas y artesanos de los que ya casi no quedan.